El Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR), presentó un nuevo Policy Brief denominado “Pisciculturas: el gran pendiente de la industria salmonera chilena”.
El documento elaborado por el Investigador Principal de la línea “Salud animal en estadios de vida de agua dulce de salmónidos”, Dr. Ruben Avendaño-Herrera, se sustenta parcialmente en el artículo “Proper antibiotics use in the Chilean salmon industry: Policy and technology bottlenecks” (Avendaño-Herrera, 2018), en el cual se informa conocimiento general y relevante sobre las prácticas operacionales y/o de manejo en el proceso de cultivo intensivo de salmónidos durante la etapa de agua dulce; etapa que en Chile también recibe el nombre de producción en pisciculturas.
“El actual modelo productivo de salmones ha provocado una imagen negativa internacional de la salmonicultura chilena, pero lo más preocupante, una percepción no favorable entre las poblaciones y comunidades cercanas a las pisciculturas. Por tanto, con este documento se espera llamar la atención de los tomadores de decisiones y contribuir a la generación de procedimientos formales por parte de la institucionalidad pública para aspectos actualmente carentes de regulación y promover recomendaciones que permitan un desarrollo productivo amigable con el medio ambiente y con el menor impacto negativo posible para las comunidades cercanas”, explicó el Dr. Avendaño-Herrera, quien también es Académico de la Universidad Andrés Bello.

Normativa, Enfermedades de agua dulce y Distribución geográfica de las Pisciculturas
El Policy Brief revisa exhaustivamente aspectos como la normativa vigente de las pisciculturas. En este punto, el documento hace un llamado a mejorar la regulación en la etapa de cría de salmón, “la que en comparación con la etapa de engorda es mínima. Esta situación debería generar un llamado de atención, ya que la etapa de agua dulce es previa a la transferencia de los peces al agua de mar y la calidad del “smolt” podría estar determinada por aspectos operacionales que desencadenen una merma biológica de estos peces. Además, es durante este periodo en pisciculturas en que los peces sufren una amplia gama de infecciones bacterianas, virales y fúngicas debido a que, durante el estado de huevo a alevines, el sistema inmune de los peces se encuentra inmaduro y más susceptible a estos patógenos”. A lo anterior, habría que sumarle el control de estas infecciones se realiza no solo con tratamientos de antibióticos o altas concentraciones de sal, sino que en ocasiones con sustancias peligrosas para los operarios.
Otro punto en el que hace énfasis el policy brief es que en la fase de agua dulce (la producción de huevos, alevines y juveniles) no se encuentran reguladas las densidades de cultivo de los peces, lo que si ocurre en mar para cada una de las Agrupaciones de Concesiones de Salmónidos (ACS) o “Barrios” reconocidos por la autoridad. Contradictoriamente, “la densidad de cultivo en agua dulce está exclusivamente determinada por la decisión de cada empresa salmonera”, señala el documento, lo que podría afectar el estatus sanitario de los peces.
Respecto a las enfermedades de agua dulce, el documento indica que el monitoreo activo contra los patógenos primarios de ovas, alevines y/o juveniles no existe, contrariamente a lo que ocurre con patógenos que afectan la engorda en mar como P. salmonis, el ectoparásito Caligus rogercresseyi y el virus de la anemia infecciosa del salmón, tres patógenos que se encuentran bajo un Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control del Sernapesca.
“Programas Sanitarios Generales del Sernapesca identifica a Flavobacterium psychrophilum y Renibacterium salmoninarum como los principales patógenos de la etapa de agua dulce. Sin embargo, los datos se toman de los casos que llegan a los laboratorios y que no representan la mortalidad ni prevalencia de enfermedad en el país. Por ejemplo, resulta inverosímil pensar que la mortalidad causada por flavobacteriosis en el año 2018 sea de 53.764 peces, más considerando que el uso de antibiótico informado por Sernapesca para controlar esta enfermedad en el mismo año según diagnóstico fue levemente superior a 8 toneladas”, subraya el texto.
Otro dato que aporta es que al parecer el movimiento de peces, en particular alevines, entre pisciculturas ubicadas en diferentes áreas geográficas ha jugado un papel importante en la propagación de F. psychrophilum en Chile. “Obviamente, los costos asociados a la pérdida de los alevines son mínimos y los cultivadores lo soslayan incorporando en el próximo ciclo de cultivo un porcentaje mayor de ovas o alevines considerando la mortalidad reportada en el ciclo anterior. Los brotes de enfermedades bacterianas del agua fría son crónicos en Chile, donde las temperaturas del agua son óptimas para el crecimiento de patógenos (8ºC a 14ºC). El problema se ve agravado por el hecho de que solo unas pocas pisciculturas de agua dulce del país realizan el ciclo completo de cultivo de salmónidos. Por tanto, la mayoría de los salmónidos cultivados se transportan una o dos veces entre distintas pisciculturas para completar el desarrollo, lo que aumenta los riesgos de brotes”, se señala en el documento.

Recomendaciones para las políticas públicas y privadas
La propuesta formulada por el Dr. Ruben Avendaño-Herrera del Centro INCAR concluye que “las entidades gubernamentales y privadas en Chile deben priorizar la investigación sobre los cambios que ocurren durante la etapa de agua dulce de la salmonicultura. Este reenfoque de la investigación debe propiciar un entorno más receptivo para mejorar aspectos reguladores como la densidad de cultivo, el tratamiento del agua antes y después de su uso y, más específicamente, en obligar a que los medicamentos solo se administren en base a determinaciones de concentración mínima inhibitoria”.
Respecto a la F. psychrophilum, el Policy Brief sugiere que se establezca un Programa de Monitoreo Activo, y que tanto su diagnóstico como el de otros microorganismos no pueden basarse en una simple confirmación de presencia/ausencia mediante técnicas moleculares como la PCR. En cambio, el aislamiento del agente causal debe ser un paso obligatorio antes de administrar el tratamiento, independientemente de la bacteria sospechosa. La implementación y adopción de este tipo de medida debe ser generalizada y respaldada por los sectores de la acuicultura público y privado.
Al mismo tiempo, el transporte de los peces a través del país durante la etapa de agua dulce debe ser revisado y considerado como premisa el estatus sanitario de la piscicultura que solicita el movimiento, así como del centro que recibe, ya que puede convertirse en factor de riesgo sanitario. Ello debido a que en el transporte no solo se mueven los peces sino los microorganismos que son parte de su microbiota, lo que puede traer como consecuencia la transmisión de patógenos entre las pisciculturas y/o la recombinación involuntaria de genes entre microorganismos de distintas áreas geográficas.
“Todas estas consideraciones son imprescindibles para garantizar la salud de los peces, la sostenibilidad del cultivo de salmónidos y el bienestar del medio ambiente dulce acuícola. Un óptimo cultivo de los peces en la etapa de piscicultura puede tener un impacto relevante en el bienestar sanitario de los salmones durante la engorda en mar”, afirmó el Dr.  Ruben Avendaño-Herrera.

Revisa y descarga el Policy Brief completo aquí.

 

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